El ingeniero Juvenal Medina, presidente de Predes, señala que el país mantiene una mirada reactiva frente a un fenómeno recurrente y advierte la necesidad de incorporar prevención y planificación de largo plazo.
lluvias.
El Fenómeno de El Niño forma parte de la dinámica natural del territorio peruano y ha estado presente a lo largo de la historia con episodios de gran impacto. El ingeniero Juvenal Medina, presidente del Centro de Estudios y Prevención del Desastre – Predes, recordó que existen registros de eventos severos desde 1925, pasando por los años 1982-83, 1997-98, hasta los más recientes en 2017 y 2023.
A pesar de este amplio conocimiento, el país sigue enfrentando serias dificultades para anticiparse: “No estamos ante un fenómeno nuevo ni impredecible; es un evento recurrente que ya conocemos, pero que no estamos gestionando adecuadamente”, afirmó.
En ese sentido, explicó que el problema no es el fenómeno en sí, sino las condiciones de vulnerabilidad, la falta de prevención y la escasa preparación institucional, que terminan amplificando sus efectos negativos y generando desastres evitables
Beneficios naturales que el país no está aprovechando
Más allá de los daños que suele ocasionar, el Fenómeno El Niño también trae consigo una serie de impactos positivos que, según el especialista, no están siendo aprovechados de manera estratégica. Entre ellos, destacó el incremento de las reservas hídricas en embalses y la recarga de acuíferos, fundamentales en un país con déficit de agua durante gran parte del año.
Asimismo, señaló que las lluvias contribuyen al reverdecimiento de zonas áridas, mejoran los pastos para la ganadería y favorecen la regeneración de bosques secos en regiones como Piura, Tumbes y Lambayeque: “Hay mayor disponibilidad de agua, mejora la agricultura en zonas secas y se incrementa la biodiversidad; son oportunidades que podrían transformar positivamente varios sectores productivos”, indicó.
En el ámbito pesquero, añadió que los cambios en la temperatura del mar generan la aparición de nuevas especies, lo que podría beneficiar tanto a la pesca industrial como artesanal. No obstante, insistió en que el enfoque sigue siendo reactivo: “Siempre vemos lo negativo y no planificamos cómo aprovechar lo positivo”, remarcó.






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